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Nueve errores a evitar a la hora de hablar para el público

Dar un discurso siempre es un desafío, hasta para quienes están acostumbrados a hacerlo. Foto:mimind.files.wordpress.com

En cualquier tipo de presentación pública, ya sea ante una clase, un grupo reducido o mismo una audiencia laboral o una conferencia de prensa, el objetivo es, en todos los casos, el mismo: no aburrir al público y captar su atención.

Además, es fundamental denotar seguridad y autoestima para que la actitud del orador eleve el contenido de la charla y haga aún más eficaz el mensaje que se intenta transmitir.

Sin embargo, aunque a veces se intenta hacer el mejor esfuerzo, se cometen errores que, aunque se pueden solucionar, muchas veces quien tiene que emitir el discurso no los registra.

Es por esto que es fundamental tener en cuenta las equivocaciones que sí o sí se deben evitar para que cualquier discurso sea un éxito.

A continuación, los nueve errores a detectar para no fracasar ante el público:

1. Las "muletillas"

En algún momento, todo profesional abusó de una palabra o expresión que utilizó de forma recurrente en todas las frases a lo largo de su carrera o mismo, de su vida.

Pero, si se detecta esto es importante trabajar para eliminar su uso por completo, sobre todo si se suele hablar en público o se está preparando un discurso para una audiencia determinada.

Asimismo, si se identifica una muletilla a otra persona, los especialistas siempre recomiendan ser sincero y avisarle, para que tenga en cuenta esta falta en su lenguaje cotidiano.

2. Las "palabras comodín" y el tartamudeo

Los "ummm, uh, eh, aaaa" se denominan "palabras comodín".

Estas "no palabras" producen el mismo efecto de ansiedad que se da, por ejemplo, al ver un vídeo en internet donde explican algo, y a los 2 minutos se debe dejar de verlo al provocar una aceleración en el espectador, dado el interés por ver un mensaje que parece, lo están trasmitiendo por capítulos y con gran cantidad de publicidad.

Estas palabras, así como el tartamudeo son ideales para segar la capacidad de atención de los oyentes.

3. Hablar con voz demasiado baja

Al hablar frente a una audiencia es fundamental proyectar la voz correctamente.

Es que la mayoría de las personas que hablan muy bajo suelen tener un problema de timidez e inseguridad y esto se evidencia al instante.

Sin embargo, existe un mínimo porcentaje de personas que hablan muy bajo porque nadie les ha enseñado a proyectar correctamente su voz.

En cualquier caso, sea por el motivo que sea, la sensación que se da es la de nerviosismo, por lo que sí o sí se debe modificar esta tendencia.

Un ejercicio práctico para mejorar esto es grabarse con un grabador o cualquier dispositivo móvil al tener una charla. Es la mejor forma de identificar en directo el tono de voz.

4. Apagar la voz al final de las frases

Algunos oradores son conscientes de la importancia de resaltar y subrayar el contenido importante en las frases, pero olvidan mantener el tono de voz adecuado hasta el final de lo que se quiere transmitir.

5. Voz monótona

Probablemente se trate del condimento final para dormir al público. La voz no puede ser un encefalograma plano, y no se trata de provocar altos y bajos en el tono de la voz, sino en la entonación para mostrar entusiasmo y pasión.

6. La falta de lenguaje corporal

Nuestros gestos deben acompañar las palabras, pero el lenguaje corporal debe estar en su medida justa.

La falta de lenguaje corporal podría aburrir, mientras el exceso de lenguaje corporal podría distraer.

Se recomienda estar cómodo con los gestos, aunque sí o sí se recomienda evitar algunos gestos corporales mal vistos como meterse las manos en los bolsillos o cruzarse de brazos.

7. Forzar comentarios graciosos

Se suele aconsejar que utilizar chistes para hacer más amenas y divertidas las charlas.

Pero lamentablemente, no todo el mundo es gracioso, y hay una línea muy fina entre una persona graciosa y algo parecido a un payaso cuando esa persona carece de sentido del humor natural.

8. Los jadeos

Los micrófonos juegan malas pasadas, y en ocasiones captan perfectamente cómo inhalamos y exhalamos el aire, provocando jadeos que nos mostrarían como ansiosos o nerviosos, y transmitiendo ese mismo sentimiento a los oyentes.

9. No mostrar entusiasmo

Algunos oradores, sencillamente, no tienen entusiasmo por lo que están hablando. Esto puede se runa consecuencia inevitable de haber dado el mismo discurso 10 veces a lo largo del mes o porque estén hablando de ese tema de la misma forma que podrían estar hablando de jardinería. Por desgracia, el entusiasmo es muy difícil de falsear para oyentes expertos, según consignó negocios1000.com.

Por lo demás, se trata de ir adquiriendo experiencia hasta dominar perfectamente el ritmo y entonación de las palabras, la colocación ideal de pausas entre frases y el ir adquiriendo la capacidad de pensar en la siguiente frase que vamos a decir sin perder atención en la frase que estamos diciendo.

Muchas personas preguntan cómo desprenderse del miedo para sus primeras charlas o exposiciones, y lo cierto es que no hay una formula inmediata para eliminar ese síntoma.

Únicamente se puede combatir y en el momento de dar un discurso, ocultarlo. Con el tiempo y la práctica cada vez irás sintiendo más seguro y ágil.

Ante todo, es importante tener en cuenta que todo el mundo, por muy seguro que lo vea en una conferencia, sintió verdadero pánico al principio.

Pero, en todos los casos, tener el discurso preparado, estudiado y habiéndolo practicado antes de presentarse ante la audiencia, sin dudas, da más confianza a la hora de enfrentarse a un auditorio.

Fuente:Iprofesional

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